Ciaossu~!!
Acá yo con otro fic :) Tengo Forever bastante adelantado así que intercalarlo con MTS no es mala idea ;)
De paso se marean con las situaciones de ambos fics jajajajaja...
Aunque la verdad MTS no iba a ser tan... fuerte... Estos dos primeros episodios son bastante tranquilos...
Bueno, no spoileo más nada, sino no tiene gracia ^^
Enjoy~ ♥
Título: More than souls.
Fandom: Johnnys.
Pairings: IkuTego [Ikuta Toma x Tegoshi Yuya], RyoTego [Nishikido Ryo x Tegoshi Yuya] (pero nadie dice que no puedan haber más ;3)
Personajes: Akanishi Jin, Ikuta Toma, Koyama Keiichiro, Nishikido Ryo, Okura Tadayoshi, Tegoshi Yuya, Yamashita Rina, Yamashita Tomohisa (por el momento).
Formato: Multi-chaptered.
Género: AU, romance, smut, violento.
Rating: NS-17.
Capítulos: 01 / ¿?.
Sinopsis: Existe un lugar donde las almas se encuentran e interactúan, siempre y cuando sus cuerpos hallan fallecido al mismo tiempo. Una de ellas desea vivir vehementemente, pero la otra, desea morir. Una nueva vida en un frasco diferente.
Capítulo 01: Almas
No quería despertar. El sol me daba en la cara
y me resultaba imposible abrir los ojos. Pero un sonido no tan lejano me lo
impidió, por lo que poco a poco y maldiciendo internamente a aquella persona
que parecía estar repitiendo una sola frase, fui abriendo los ojos.
Ambos estábamos dentro de lo que parecía ser
un túnel completamente vacío a excepción de nosotros, claro está. A la salida
(o quizás esa era la entrada) había una fuerte luz, esa que me hizo despertar.
Del otro, había una intensa oscuridad.
Como si me estuviera alejando de ella, me
levanté y me acerqué al muchacho que estaba a la izquierda de la luz, de frente
a una de las “paredes” de aquel túnel.
- Quiero morir. Quiero morir. Quiero morir –
Repetía. La luz todavía me estaba dañando la vista, pero podía apreciar que
tenía el cabello azabache, igual que yo, y parecía tener unos veintitantos
años, como yo. Cuando quise tocar su hombro, me di cuenta que yo también estaba
vestido con una túnica blanca. Eso sí que se estaba poniendo raro. Estaba completamente
seguro de que me había puesto una remera blanca con una inscripción que no
llegué a leer, una campera liviana color verde con detalles también en blanco y
un pantalón de jean. Ah. Y por supuesto, las zapatillas de lona que había
comprado el día anterior. Ladeé mi cabeza de un lado a otro. Hasta me pellizqué
para despertar, pero no parecía estar soñando. Lo que sea que estaba pasando
era demasiado real.
Al oír mi quejido, mi compañero dejó de
hablar, de pedir la presencia de la Parca en el lugar y me miró. Sus ojos eran
de un negro igual o más profundo que el del otro lado del túnel –. ¿Tú
también te moriste? – Mis ojos se abrieron como platos. ¡¿Qué rayos estaba
diciendo ese sujeto?! Y, además, ¿quién demonios era? No pude hacer otra cosa
más que titubear. ¿Qué estaba muerto? ¿Qué yo estaba muerto? Lo último que
recordaba era que…
Tenía razón.
Yo estaba muerto.
Y él también lo estaba.
– Esto es la puerta al más allá – Dijo el
sujeto, levantándose –. Mira – Me dijo, señalándome el lado oscuro del túnel.
De repente, viniendo de quién sabe dónde vi miles de manos moviéndose hacia
nosotros, pero había algo sobrenatural que les impedía tocarnos. Miré al sujeto
que seguía con su dedo índice señalando “eso.” Pude ver múltiples marcas de
cortes en su muñeca. Cuando había dicho que quería morir, parece que lo estaba
pidiendo en serio.
– ¿Qué es eso?
– Ya te lo dije, ¿no? – Preguntó, enseñándome
una sonrisa –. Es la puerta al más allá.
– Pero… ¿Por qué…?
– ¿Quieres morir?
– No. Claro que no – Volví en sí, de alguna
forma, olvidándome de su pedido, de sus cortes, de sus ojos –. Pero veo que tú
sí. ¿Tanto lo deseas?
– Yo… No tengo nada por lo cual regresar. ¿Tú lo tienes? – No me había dado cuenta de
lo cerca que estaba de mí. Hice un paso hacia atrás, pero su mirada no se
despegaba de la mía.
– Sí.
– Entonces, regresa. Yo voy a morir – Me jaló
del brazo, llevándome hacia la luz. Del mismo modo en que no me di cuenta que
estaba cerca de mí, no me di cuenta que me abrazó, sino, hasta sentir un cálido
agarre en torno a mí –. Yo moriré por ti – Intenté girarme para mirarlo, pero
no pude hacerlo. Algo me lo estaba impidiendo y me terminé rindiendo a no
ponerme en contra de ese algo –. Yo te ayudaré – Lo oí susurrar. Sentí que ya
no era la luz que se estaba haciendo más intensa, que mi cuerpo ya no tenía el
peso similar a una pluma, sino que estaba siendo atrapado por un profundo sueño
al cual no podía escapar.
Un muchacho gruñó
entre las sábanas. Tenía medio cuerpo destapado y el resto estaba enredado
entre aquellas sábanas a rayas rojas, blancas y azules. Se llevó una mano a su
estómago, levantándose la remera para rascarse, pero terminó por ponerse en
posición fetal, apretándose esa misma parte. Le dolía, y mucho. Se levantó de
un salto al sentir unas ganas anormales de vomitar y, al hacerlo, sintió que
vomitó la vida. Se quedó atónito al ver el contenido de lo que a su estómago
parecía no haberle agradado que hubiera ingerido. Era un cóctel de pastillas digno de un adicto. Estaba empezando a
contarlas, pero el aroma de los jugos gástricos se lo impidió. Bajó la tapa del
inodoro y tiró la cadena, dejando que todo fuera al desagüe. Abrió la canilla y
se enjuagó la boca una, dos y varias veces más hasta que perdió la cuenta.
Cuando sintió que ya no tenía ese gusto amargo, se cepilló los dientes. Levantó
la vista y se vio de reojo en el espejo. Volvió a mirarse, esta vez, dejando
caer el cepillo de dientes de entre sus labios. Se llevó varios mechones de
cabellos delante de sus ojos para estar seguro y volvió a llevarlos sobre su
cabeza porque no podía ver dónde había caído el cepillo. Terminó de asearse y
salió al living.
El mismo estaba
formado por un enorme sillón tres cuerpos de cuero blanco, frente al cual había
una mesa ratona con varias revistas compradas al azar. En diagonal al mismo, un
televisor plano de unas considerables pulgadas, rodeado de un home theatre y un reproductor de DVD.
Detrás del sillón había una pequeña mesa también de vidrio (quizás había sido
comprado junto con la mesa ratona) y unas sillas de tela de pana. A la
izquierda de la misma, a lo lejos, estaba la cocina y al lado de ellas, unas
escaleras que llevaban a un entrepiso que funcionaba como quién sabe qué cuarto. Se acercó a la cocina y se hizo café, antes
de sentarse en torno a la mesa y encender con el mando a distancia que halló
sobre el sillón, el televisor. Hojeó unas fotocopias que encontró tiradas,
literalmente sobre la mesa, al hacer al menos, un poco de lugar para dejar su
taza de café.
- Ikuta… Toma –
Leyó sobre las mismas, escritas en una letra que parecían haber sido puestas
ahí solo para que nadie las confundiera con las de otra persona. Sus ojos
miraron las noticias que sus oídos no llegaban a escuchar por el bajo volumen
en el que estaba el televisor. Frunció el ceño. La ruta en donde había ocurrido
un trágico accidente de tránsito le resultaba sumamente familiar. Y lo sería si
uno llevaba años circulando por la misma, como él. Cual resorte, el muchacho se
levantó de la silla, dejando la taza de café sobre una pila de fotocopias, y se
acercó al televisor a subir el volumen. Ya había olvidado dónde había dejado el
mando a distancia.
– ¿Qué más sabe acerca del accidente,
Hashiya-san?
– El cuerpo de policías dice que fue un choque
directo.
– ¿Conoce el estado de los ocupantes de los
vehículos?
– Sabemos que el conductor del camión está
ileso por llevar el cinturón de seguridad, pero el ocupante del vehículo que
embistió, falleció en el acto. Aún no se conoce su identidad, pero apenas
encuentren alguna identificación, sus familiares serán inmediatamente
notificados.
– Circula el rumor de que el sujeto que
manejaba el pequeño vehículo era un masculino, ¿eso es cierto?
– Sí. Sí, es cierto. Era un masculino de entre
unos veinte y veinticinco años y por lo que se sabe, llevaba unas zapatillas de
lona y un pantalón de jean. También se encontró una campera de algodón verde y
blanca, pero el conductor del camión está en estado de shock como para
reconocerla o no.
Si estaba
respirando, lo estaba haciendo sin darse cuenta, por costumbre. Sintió un
escalofríos recorrerle la espalda. Pegó un salto al oír el timbre. Seguido al
mismo, oyó unas llaves que, en la cerradura, querían empujar las que estaban
del lado de adentro para poder ingresar.
Bajó un poco el
volumen y corrió para abrir la puerta. El recién llegado, de su misma edad, de
cabello azabache, ojos oscuros, redondos y labios carnosos, entró.
– Oye, ten
cuidado. Mira dónde pones el café.
– Lo siento –
Dijo el dueño del departamento, cerrando la puerta.
El recién llegado
lo miró, extrañado, luego de acomodar más o menos las fotocopias mal apiladas
para hacer lugar para la taza de café.
– ¿Estás tomando
café?
– Sí – Respondió
el aludido, agarrando la taza entre sus manos, mientras su cuerpo se sentaba
frente a él.
– ¿Te levantaste
temprano?
– Sí…
– Y sin necesidad
de que alguien te despierte…
– Sí…
Extendió su mano
para tocar la frente de su amigo, generando su risa.
– ¿Qué haces, Pi?
– ¿Estás enfermo o
algo así?
– Por supuesto
que no – Le respondió el muchacho con una sonrisa.
– ¿Estás
consumiendo drogas?
– ¡Tampoco!
– Entonces, no lo
entiendo – El muchacho, quien respondía al nombre de Tomohisa Yamashita, se
sentó frente a él, mirándolo de pies a cabeza.
– ¿Qué sucede? –
Preguntó su amigo, sin poder dejar de sonreír.
– ¿Seguro que no
tienes nada raro, Toma?
– Ya te dije que
no – Terminó de beber su café y se acercó al lavabo de la cocina a lavar la
taza. Apoyó sus manos sobre la mesada, mientras esperaba que el líquido
incoloro conocido como agua, terminara de llenar su pocillo –. Oye, Pi…
– Dime.
– ¿Crees que esté
mal si regreso a la universidad? – Preguntó, mirando el reflejo del sol
golpeando contra las ventanas de varios de los edificios frente al que él
estaba. Pudo oír el sonido de la silla corriéndose hacia atrás y la llegada de
Tomohisa a su lado para volver a tomarle la temperatura.
– No tienes
fiebre…
– Te dije que no
– Recalcó, mirándolo con una sonrisa.
– No… No creo que
esté mal siempre y cuando vayas a estudiar.
– Entonces… Creo
que eso haré hoy.
Cerró la canilla.
El agua había terminado rebalsando de la taza.
– Cuando apruebes
el primer examen, voy a hacerte una fiesta – Le dijo Tomohisa, palmeándole la
espalda.
– Mejor cuando me
gradúe.
– ¡No seas tan
exigente!
Cualquiera que lo
hubiera conocido de antes, diría que no era la misma persona que había
ingresado hacía medio año a la universidad. Pasó de ser una persona que no se
relacionaba con sus compañeros a tener un imán para hacer amistades. Todos en
el campus lo conocían y cualquiera que hablara de él siempre daba una buena
opinión. Tal y como le había pedido, lo había prometido. Aunque Tomohisa
reconoció que dejó pasar dos semanas de la graduación para organizarle una
fiesta sólo a él, el grupo seleccionado fue aquel grupo de amigos que nunca se
habían llevado bien con Toma. Al ver a Tomohisa saludar a Jin Akanishi, un
viejo amigo de la infancia, se dio cuenta que lo que buscaba con eso, era limar
asperezas y convertir a sus amigos en los suyos propios.
– Este es Ikuta
Toma, ¿te acuerdas de él?
– Ikuta… ¡¿Él
inadaptado social?!
Jin recibió dos
suaves golpes por parte de sus acompañantes femeninas, una sobre cada uno de
sus brazos.
– El mismo – Se
presentó el muchacho, dedicándole una reverencia –. Espero que dejemos el
pasado atrás, Akanishi-san.
– Dime Jin. Me
haces sentir viejo sino, carajo.
– De acuerdo,
Jin.
– Además, los
amigos de Yamapi son mis amigos, sean sociales o no – Volvió a soltar,
sonriendo. Volvió a ser regañado por sus amigas, pero Jin terminó besando
apasionadamente a cada una en los labios, calmando de este modo su ira –.
Bueno, Toma… Felicidades por tu graduación.
– Gracias…
– Mi VIP… Es tu
VIP, muchacho. Haz de él lo que quieras… Pero modérate, no hagas lo que yo no
haría.
– Eso quiere
decir que puedes hacer de todo – Aclaró Tomohisa, riendo sonoramente luego. Oyó
que Jin lo regañó por sus palabras, pero no pudo entender qué insulto había
usado al hacerlo.
Sus ojos, por
algún motivo, volvieron a la parte general del club nocturno. Desde la planta
alta, donde estaba el VIP, todos parecían hormigas, al menos, hasta que las
luces del mismo pegaban sobre algunas de ellas. En ese momento, todas se
llenaban de luz y brillaban los escasos segundos que las luces se posaban sobre
sus cuerpos. Una figura se le hizo sumamente familiar. Abrió su boca para
llamarla, pero gritarle desde ese lugar era bastante estúpido y resultaría en
vano. En cambio, bajó corriendo las escaleras, y se acercó. Cada vez que la luz
lo iluminaba, su sonrisa se veía más brillante que nunca. Se notaba que estaba
hablando con otra persona, fuera de su alcance visual y que esta persona estaba
bailando con él. Quiso agarrarlo del brazo, pero no pudo hacerlo. En cambio
sintió que la luz se había quedado quieta en ese preciso lugar sólo para
iluminar a esas dos personas que, tomadas de las manos, se dirigían a la salida
del club, y a él, que los miraba irse, con la mente en blanco.
– ¿Quiénes eran?
– ¿Eh?
– Los dos tipos
que viste en el club. No recuerdo haberlos visto en la universidad…
– Ahh… No… No lo
sé… Pensé que eran unos compañeros míos, pero parece que me equivoqué.
– Ah, ya veo –
Detuvo sus pasos frente a una pequeña casa, abriendo Tomohisa el portón para
entrar junto con Toma hasta la fachada de la misma, que estaba iluminada con la
luz que, sobre sus cabezas, se había encendido automáticamente por tener un
sensor de seguridad –. ¿Seguro que no quieres quedarte a dormir?
– No, está bien.
Voy hasta la avenida y me tomo un taxi.
– De acuerdo.
Buenas noches.
– Buenas noches.
Tomohisa estaba
por meter la llave en la cerradura, pero desde adentro la llave giró y la
puerta se abrió.
– Rina – Se
sorprendió uno de los ocupantes de la casa, llamando a su hermana menor.
– Con que
llegando a estas horas de la noche…
– Fuimos a un
club nocturno, es normal que lleguemos a esta hora – Dijo Tomohisa, entrando a
la casa –. ¿Tú no deberías estar durmiendo?
La muchacha lo
miró, con las mejillas infladas, hasta que el morocho se perdió en la oscuridad
de la casa. Volvió su vista a Toma, quien le dedicó una reverencia.
– Tanto tiempo,
Rina-chan – Le dijo, con una sonrisa, pero la cara de asombro de la aludida no
cambió en lo absoluto sino, hasta hacerse a un costado para decirle, con una
seña, que entrara –. Ahhh… No, no, no. Ya le dije a Yamapi que voy a tomarme un
taxi.
– No hace falta.
En esta casa hay cuartos de sobra. Pasa, pasa – Cuando se dio cuenta, estaba
siendo empujado por la hermana menor de su mejor amigo, que terminó haciéndolo
entrar a la casa –. Yamapi está durmiendo – Dijo Rina, en voz baja, entrando a
la cocina y cerrando la puerta corrediza a su paso. Se sentó frente a Toma, en
torno a la mesa de madera en medio de la cocina y lo miró directamente.
– ¿Sucede algo? –
Le preguntó el muchacho, bebiendo el jugo que le había servido.
– ¿Quién eres?
– ¿Eh? – Por
primera vez, la miró a los ojos.
– Sé que Pi no te
lo habrá dicho porque cree que son locuras mías, pero… Yo puedo ver las auras
de las personas. Y la tuya… Sí que ha cambiado… Tanto que… No parecen ser la de
la misma persona… Por eso… ¿Quién eres?
Toma terminó de
beber tranquilamente, dejando el vaso sobre la mesa y suspirando sonoramente
luego.
– Vaya… Al fin
voy a poder hablar con alguien que me entienda…
– ¿Dialecto de
Kansai? – Preguntó extrañada la muchacha al notar el dialecto con la que el
muchacho frente suyo había dicho esas palabras.
– Exactamente…
Soy de la región de Higashioosaka.
– ¿Qué… sucedió
con Ikuta-kun?
– Quiso morir. Lo
hizo por mí.
– Espera. Eso es
imposible. Todos tenemos nuestros días contados.
– Te equivocas –
Le dijo Toma, negando con el dedo índice –. Nuestras almas son los que tienen
sus días contados. Esto – Se llevó una mano al medio de su torso a medida que
hablaba –… no es más que un frasco – Levantó la vista, Rina estaba prestándole
toda la atención posible y más –. ¿Sabías que si dos almas se encuentran en el
camino al otro lado, es posible que tengan una interacción?
– Tú… ¿Hablaste
con el alma de Ikuta-kun?
– Así es. Él no
debía morir. Quizás… sabiendo eso, me preguntó qué quería hacer yo, si quería
vivir.
– Pero…
– No lo supe.
Hasta que me desperté y me miré en el espejo, no lo supe. No supe que lo que él
había hecho fue prestarme su frasco
para que mi alma pudiera sobrevivir.
– Pero… ¿Y sus
recuerdos?
– Los tengo.
Junto con los míos propios. Debo reconocer que Ikuta-kun era bastante falto de
palabras a la hora de expresarse con su familia. Por ese motivo, es bastante
tedioso tener que escribirles cada mes – Sonrió –. Siempre termino con alguna
migraña.
– ¿Cómo… te
llamas? – Preguntó Rina, en un susurro.
– Está bien que
me llames Ikuta-kun.
– De acuerdo…,
Ikuta-kun… Y, dime…, ¿por qué regresaste? Es decir…, ¿por qué elegiste vivir?
– Mi pareja.
– ¡Ay! ¡¿Tienes
novia?!
– ¡Shhhh! – La calló Toma, sonriendo.
– Lo siento – Se
disculpó la muchacha –. ¿Tienes novia?
– Novio – Aclaró
el morocho.
– Ahhh… ¿Y es
lindo?
– Lo es.
– ¿Cómo se llama?
– No te importa.
– Vamos… Dime.
Sino subiré a despertar a Yamapi.
– No tiene
importancia, después de todo… Parece que ya ha superado mi muerte – Se sinceró,
en un suspiro.
– Espera un
momento.
Rina se levantó y
salió de la cocina. Donde sea que fue, hizo bastante ruido, pero no tanto como
para despertar a los demás integrantes de la casa. Al regresar, lo hizo con una
laptop, la cual dejó, encendida, frente a Toma.
– ¿Qué haces?
– Búscalo. Algo
suyo debe haber en Internet – Le dijo Rina, mientras abría el explorador, antes
de acercar una silla al lado del muchacho.
– Qué molesta
eres…
– ¡Deja de hablar
en el dialecto de Kansai!
– No estoy
diciendo cosas tan complicadas como para que no las entiendas…
– Te… go… shi…
Yu… u… ya – Leyó la menor, en voz alta, los hiragana que Toma terminó
convirtiendo en kanji casi al segundo –. Guau… También es un egresado… Tu novio
es inteligente Oosaka-kun.
– ¿Oosaka?
– Ya que no me
quieres decir tu nombre, te llamaré así cuando estemos solos.
– Eres rara…
– Tú lo eres… ¿Por qué dijiste que parece que superó tu
muerte? ¿Lo viste?
– Hoy – Respondió
Toma, viendo fotografías tomadas en las distintas actividades de la
universidad.
– ¿Lo saludaste?
– Es una broma,
¿verdad? – La miró, sonriéndole –. ¿Cómo querías que me presentara?
¿Diciéndole: "hola, Tegoshi-kun,
quieras creerlo o no, soy tu novio muerto“? ¿No sería morboso?
– Yo diría que
eres un acosador…
– Esa fue una de
las razones por las cuales no lo hice – Dejó la laptop que Rina terminó por correr
frente a ella.
– ¿Y cuál fue la
otra? – Preguntó mientras sus manos tipeaban sobre el teclado algo que sus ojos
ansiaban ver.
– Que estaba con
otra persona –Hizo una pausa, llevándose ambas manos alrededor de su nuca –. De
todas las personas que conozco, nunca imaginé que terminaría saliendo con él…
– ¿Con quién?
– Con mi mejor
amigo.
– ¿Cómo se llama?
– Nishikido Ryo.
– Okura
Tadayoshi… ¿Cierto? – Rina lo miró, con una sonrisa. Su expresión de sorpresa
fue lo que necesitó para saber que había dado en el clavo. La muchacha volteó
la laptop para que viera una fotografía en la que estaban Ryo, Yuya y él,
rodeados de varias personas más. Extendió su mano para tocar uno de los rostros
que estaban en la pantalla, la de su ex–pareja
y el suyo propio.
– Vaya… Me había
olvidado cómo era mi rostro…
– Tarado de
Oosaka – Murmuró Rina, cruzándose de brazos. Ah… ¿Cómo dijiste que se llamaba…
se llama tu amigo?
– ¿Ryo-chan?
Nishikido Ryo.
– Ryo-chan… No sé
si será el mismo sujeto… Pero oí a Pi y a Akanishi hablar de un tal Ryo hace un
par de semanas… Si tienes suerte… Eso puede ser lo que te acerque de nuevo a
Tegoshi-kun.
– Rina… No lo hagas…
– ¿Por qué no? –
Preguntó la aludida, levantándose de un salto –. Si yo estuviera en su lugar
estaría encantadísima de saber que mi novio, a quien yo amo y creí muerto, está
vivo.
– No creo que
Yuya sea tan abierto de mente como tú…
– ¡Encima lo llamas
por su nombre de pila! ¿Qué otra muestra de amor quieres?
– ¿La suya?
– Está bien… No
es correcto que se haya puesto a salir con tu mejor amigo, pero… Okura-kun…
Tampoco va a estar de luto y vestido de negro para toda la vida. Al menos… No
teniendo la edad que tiene…
– No sabes
cuántos años tiene…
– ¿Cuántos tiene?
– Veintitrés.
– Veintitrés…
Como sea… Debes verlo. ¿Quién te dice? Quizás, sí entienda lo que te sucedió y
quiera regresar contigo.
– Rina… Por favor
mantén esto en secreto con Pi. No…
– Sí, no quieres
que piense que estás loco. Un loco a la vez, uno a la vez. Te lo prometo si… Me
dices que vas a acercarte a Tegoshi-kun – Toma la miró –. Al menos dime que lo
pensarás.
– Está bien, lo
pensaré.
Esa noche, le fue imposible conciliar el sueño. Mientras
más intentaba hacerlo, más despierto se volvía y más una persona llenaba cada
rincón de su mente. Yuya. Y junto con él, miles de preguntas que él no era
capaz de responder.
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