Ciaossu~!!
Oficialmente esta es la entrada número 100 del blog................. No puedo creer que haya hecho durar tanto una página como para llegar a las 100 entradas xD
Realmente, muchísimas gracias a mis lectoras ^_^ que por pocas que sean, puedo entretenerlas un poco, hacerlas llorar un poco xD con mis fics ♥ Sin ustedes, esto no tendría gracia, así que...
本当にありがとうございます!!
Les dejo el siguiente de Forever ^^
Enjoy~ ♥
Título: Forever.
Fandom: Johnnys.
Pairing: IkuTego [Ikuta Toma x Tegoshi Yuya], Ryokura [Okura Tadayoshi x Nishikido Ryo], RyoTego [Tegoshi Yuya x Nishikido Ryo] (pero nadie dice que no puedan haber más ;3)
Formato: Multi-chaptered.
Género: Drama humano (?), romance.
Rating: PG-13
Capítulos: 07 / ¿?
Sinopsis: Confusiones y sentimientos encontrados no sólo para Yuya, sino también para Ryo.
( 01. Introducción )
( 03. Pareja )
( 04. Error )
( 06. Nudo )
Capítulo 07: Recuerdos ambiguos
“Tegoshi se quedará
a dormir en casa hoy. Mañana, ¿podemos hablar a primera hora?”
Eso le había enviado Takahisa para que no se preocupara,
pero sólo había logrado preocuparlo más. No supo en qué momento había logrado
conciliar el sueño, y tampoco supo a qué hora se despertó. Salió de ahí y fue
directamente a la empresa. Lo que sea que le había sucedido a Yuya, le
preocupaba. Después de todo…
- ¡Vaya! ¡Qué
extraño encontrarte aquí tan temprano? ¿Te caíste de la cama o algo así? -
Volteó al oír su voz. Estaba sonriendo. Ahora que se ponía a pensar, desde
hacía ya un tiempo que lo había visto sonreír de nuevo, pero se preguntaba cuán
sincera era aquella sonrisa -. ¿Ryo-chan? – Lo llamó la voz de Tadayoshi.
- Sí, algo así – Respondió el morocho, volviendo un poco
en sí -. La verdad es que… no pude dormir muy bien.
- Ya veo – Dijo el muchacho, apoyando su cuerpo contra el
barandal de la planta alta, del mismo modo en que lo estaba haciendo Ryo -.
¿Quieres que te compre una bebida? – Preguntó, haciendo una clara referencia a
la máquina expendedora de bebidas que estaba a pasos de ambos.
- Ahh… De acuerdo – Dijo el aludido, sacando su
billetera, pero la mano del menor lo detuvo, ocasionando que éste lo mirara.
- Está bien, después me lo pagas.
Se lo quedó mirando. Se preguntaba cuánto lo había
lastimado y por qué, en vez de seguir insultándolo, lo trataba como siempre lo
había hecho. Quizás, porque sabía que esa forma de tratarlo, le dolía todavía
más que la indiferencia o el mal trato.
- Aquí estás – Dijo Takahisa, haciéndolo voltear.
- Sí, llegué hace un rato – Dijo Ryo, guardando sus manos
en los bolsillos -. ¿Y bien? ¿Qué sucede con Yuya?
- Mira, Ryo… La verdad… no sé ni por qué te lo voy a
decir, pero en parte tienes derecho a saberlo, ya que… estás en esto por
nuestra culpa.
- ¿Qué sucede? – Volvió a preguntar, frunciendo el ceño.
- Anoche Tegoshi vino a casa y estaba deshecho. Se la
pasó llorando toda la noche preguntándose por qué, por qué.
- Por qué…, ¿qué?
Takahisa tomó aire y habló.
- Ikuta lo abrazó. En su casa. Y Tegoshi… Sintió cosas,
obviamente. Es como si… su corazón no lo hubiera olvidado.
- ¿Y no ibas a decirme eso?
- ¿Tenía alguna imperiosa razón para hacerlo? – Preguntó
el pelirrojo, con el ceño fruncido.
- Por supuesto: porque soy su pareja.
Takahisa se quedó en silencio, mirando algo detrás de
Ryo. Al voltear, vio a Tadayoshi con dos bebidas en la mano.
- Aquí tienes. Café – Dijo el menor, entregándole una
lata al morocho -. Ten cuidado de no quemarte. Nos vemos más tarde.
- Parece que la está llevando mejor de lo que esperaba –
Dijo Takahisa, pero Ryo sólo lo miró. Se debatía internamente si seguir a
Tadayoshi o quedarse allí y seguir planteándole al pelirrojo qué era lo que iba
a hacer a partir de ahora con Yuya. Suspiró y se quedó allí.
- ¿Y bien?
- Sabes que esto está por terminar, ¿no? Esto significa
que…
- Eso no significa nada – Lo interrumpió.
- ¿No crees que te estás pasando un poco con el papel de
novio?
Ryo le dedicó una mirada asesina, pero no le dijo nada.
En cambio, abrió la lata de café. Iba a necesitar unas cuantos para poder
seguir el día, sobre todo para estar otro día sin Yuya, ya que la filmación al
día siguiente se llevaría a cabo muy temprano y el personal decidió quedarse en
la locación, inclusive los actores.
No sabía qué hora era. Tenía su teléfono celular al lado
pero no tenía ganas de voltearse a verlo. Sí sabía que era de noche. Desde que
había decidido acostarse no había podido conciliar el sueño. Aunque bostezara
una y mil veces, no podía dormir. En su mente daba vueltas la figura de Toma y
los sentimientos que, desde que se besaron, su presencia despertaban en él.
- Ikuta-san – Susurró, acariciándose los labios. Suspiró
y se sentó de un salto.
Necesitaba una respuesta, y la única persona que podía
dársela era Toma.
Salió de su casa rodante y halló luz en la de su
compañero de trabajo. Sigilosamente, se acercó y golpeó la puerta de la misma.
- Pase – Respondieron al otro lado, por lo que entró.
- Buenas noches – Dijo Yuya, entrando, tímidamente.
- Después de que prácticamente me tiras la puerta del
departamento abajo, ¿ahora tienes modales? – Sonrió, acomodándose los anteojos,
sentado frente a un pequeño escritorio al costado de la cama.
El aludido se hincó de hombros, cerrando la puerta a su
paso y acercándose a él.
- ¿Estás repasando el guión?
- Así es – Dijo el morocho, cerrando el libreto y
lanzando los anteojos sobre la mesa -. ¿No puedes dormir?
- No – Dijo Yuya, después de recorrer el lugar con la
mirada e intentar descifrar con la mirada, si la cama de Toma era cómoda. Se
sentó en la misma y lo miró -. No puedo dormir.
- ¿Quieres hablar? – Preguntó el mayor, girando la silla
y su propio cuerpo para apoyar sus brazos sobre el apoyacabeza y su mentón
sobre ellos.
- No lo sé.
Toma rió.
- Entonces, ¿cómo tú no puedes dormir harás que las
personas que te rodean tampoco puedan conciliar el sueño?
- Algo así – Respondió, tirándose de espaldas a la cama.
- Eres increíble - Estaba mirando el techo cuando sintió
el peso de Toma al lado suyo. No supo en qué momento se levantó de la silla,
pero ahora estaba sentado a su lado, supuso que mirándolo. Su corazón latía
demasiado rápido. Tanto que le dolía. Se sentó de un salto, sorprendiendo al
mayor. Lo miró, suplicándole algo con la mirada -. ¿Tegoshi-kun?
- Yuya – Dijo -. Dime Yuya.
- De acuerdo…, Yuya – Susurró. Al oír su voz, el rubio
estaba seguro de que, de haber estado él de pie, sus piernas hubieran flaqueado.
Toma acercó su mano a la suya y la acarició, siguiendo el recorrido con su
mirada. Subió lentamente por su brazo, viendo cómo su piel se erizaba ante
aquel delicado contacto. Se mordió el labio inferior, sonriendo. Aun teniendo a
aquella remera por medio, siguió acariciando su cuerpo, recorriendo su cuello
con las yemas de sus dedos, sus mejillas, sus labios -. Abrázame – Musitó -.
Como lo hiciste ayer…, abráza…
No tuvo necesidad de pedirlo dos veces. Toma lo jaló del
brazo y lo acercó a él, estrechándolo con fuerza entre sus brazos. Yuya
suspiró, hundiéndose lentamente en él, dejando que el perfume que se desprendía
de su piel lo embriagara por completo.
- Yuya – Susurró, sobre su oído, besando su cuello con
delicadeza.
- No te dije que… me besaras – Lo regañó el rubio,
sonriendo por las cosquillas que le había dado aquel acto.
- Eso fue… un pequeño extra – Se excusó el morocho,
encontrándose con su mirada y con su brillante sonrisa.
- Ese extra fue muy malo…
- Lo sé – Acarició su mejilla, sosteniendo su mentón con
la mano -. Por eso, ahora voy a enmendarlo.
Besó sus labios, sin pedirle permiso para hacerlo. Yuya
sintió que el alma se le escapaba. Rodeó su cuello con ambos brazos, mientras
el morocho, acariciaba su cintura por debajo de su ropa, levantando su cuerpo
para sentarlo encima suyo. El tiempo pasaba, seguía, pero para ellos, estaba
detenido. En ese momento, no existía nada más que ellos.
Los labios del morocho recorrieron esa exquisita piel que
tanto había extrañado, dejando Yuya que besara su cuello tanto como quisiera y
de las formas que él lo creyera necesario.
- Ahh… Ikuta-san…
- Toma – Jadeó el aludido, jalando de sus cabellos para
que lo mirara -. Dime Toma.
- Toma – Gimió el rubio, volviendo a besar sus labios
como si no hubiera mañana. En cada beso, con cada caricia, Toma sentía que le
estaban devolviendo su vida. Porque eso era lo que significaba Yuya para él: su
vida, su todo. Fue el menor quien le dio un final parcial a aquel encuentro,
besándolo sonoramente en los labios y abrazándolo con fuerza. Toma, por su
parte, acariciaba sus muslos por sobre sus pantalones -. Esto está mal,
¿cierto? No deberíamos estar haciendo esto…
- No hicimos nada malo. Nadie nos está viendo. Si eso es lo
que te preocupa, no hay nadie que nos esté viendo y que vaya a contárselo a Ryo
- No obtuvo respuesta. Podía oír su acompasada respiración sobre su oído. Era
un respirar que hacía mucho no oía. Al girar lentamente el rostro de Yuya, se
había dado cuenta que había caído dormido. Sonrió, besando sus cabellos antes
de acomodar su cuerpo sobre la cama. Apagó la luz y se acostó a su lado,
cayendo dormido mientras miraba su pacífico rostro.
Golpeó la puerta. Cuando se fue, le había dejado la llave
y, de alguna forma, sabía que estaba en ese lugar. La persona que le abrió se
sorprendió sobremanera al verlo allí.
- Ryo-chan…
- ¿Puedo pasar?
Tadayoshi se hizo a un lado.
- Es tu casa.
- Gracias – El morocho entró y rápidamente se dio vuelta
y lo miró -. De nuevo, lamento haber venido sin avisar.
- No te preocupes, después de todo esta es…
- ¡Tacchon! ¡¿Puedes dejar de esconder mi ropa?! -
Tadayoshi estalló a carcajadas. Se acercó a uno de los sillones y le lanzó la
ropa a Shota, que apareció en bata de baño -. Ah… Ry… Ryo… Eh… Esto…
- Lo siento – Se disculpó el aludido -. Tendría que haber
llamado antes de venir.
- ¡Ahhh…! ¡Pero…! – Shota estaba por hablar, pero su
amigo lo agarró del brazo. Al mirarlo, negó con la cabeza, dejando que Ryo se
fuera.
- Así está bien, Yasu. Así está bien.
- Pero… Él va a pensar que tenemos algo…, no que vine a
ducharme aquí porque en casa no hay agua.
- Como sea, así está bien – Volvió a decir el muchacho,
sentándose en uno de los sillones.
- Pero tú no lo estás.
- Me sale bien fingir, ¿no lo crees? – Le dijo, con una
sonrisa -. El otro día, dijo que Tegoshi era su pareja. Esto ya no tiene
retorno.
- ¿Y si recupera la memoria?
- No creo que Ryo-chan se deje ganar. Ryo-chan no va a
perder contra Ikuta-kun. No va a querer hacerlo.
Detuvo la marcha del vehículo en el estacionamiento. Se
quedó unos instantes mirando hacia adelante, hacia la pared del
estacionamiento. Sacó la llave que aún mantenía encendido el automóvil y golpeó
el volante con furia. Volvió a golpearlo una vez, dos veces, tres veces con más
furia.
¿Qué había significado para Tadayoshi? Todos esos años
que habían estado juntos, ¿los había botado sin importarle? No lloraba por eso.
Lloraba porque él le había hecho exactamente lo mismo. Dolía. Lo que estaba
sintiendo Tadayoshi, lo que había sentido cuando él se fue con Yuya, le dolía.
Era el mediodía cuando tuvo algo de tiempo para revisar
su celular. Su casilla de mensajes estaba llena con mensajes de Ryo,
preguntándole cómo estaba y cómo le estaba yendo, entre miles de otras cosas.
Mientras en sus oídos sonaban las pocas canciones que había logrado conseguir
cantadas por Toma, revisaba el único mensaje de Takahisa, en el que le advertía
que tendría que almorzar con él ese mismo día. Sonrió, sintiendo cómo una mano
ajena sacaba uno de sus auriculares para poder oír él la canción que estaba
sonando, pero Yuya evitó aquello al sacárselo de un golpe, inflando las
mejillas.
- Lo siento – Dijo Toma, sonriendo -. ¿Dormiste bien?
- Ah… Eh… Sí – Suspiró el rubio, pero el sonido de su celular
recibiendo una llamada, lo alertó -. Massu – Respondió el muchacho con una
sonrisa, ocasionando que Toma revoleara los ojos y bufara -. Ah, ¿ya estás
aquí? Ahora voy.
- ¿Tiene planes? – Preguntó el morocho a su lado,
mientras el rubio se apresuraba a guardar sus cosas en la mochila que había
estado todo ese momento encima suyo.
- Sí, voy a almorzar con Massu. Nos ve - Se quedó
inmóvil. Sin darse cuenta, se había acercado a sus labios con el propósito de
besarlos. Toma sonrió siendo él quien se alejó -. Lo siento…
- Está bien – Dijo el morocho, sin perder su sonrisa.
Rápidamente, Yuya fue en su encuentro con su mejor amigo, bajo la mirada del
morocho. Encontró a Takahisa bailando uno de sus solos con los pies pegados al
suelo. Estaba casi seguro que esa canción estaba sonando a través en su
reproductor musical, pero dejó de bailar al verlo llegar, apagando el mismo y
recibiéndolo con una enorme sonrisa.
- Deja de bailar en medio de la calle.
- ¿Temes que me arresten confundiéndome con un loco?
- No, tengo miedo que alguna fanática te descubra y no
podamos almorzar tranquilos. Vamos – Dijo, agarrándolo de la mano.
- Ah, espera.
- ¿Qué?
- Le pregunté a Ikuta si quería venir a almorzar con
nosotros.
- ¿A Ikuta-kun?
- Sí, ¿qué tiene de malo? – Le preguntó, mirándolo.
- No… Nada – Respondió Yuya, aferrándose al brazo de su
mejor amigo, escondiendo una sonrisa.
Los tres fueron al mismo restorán donde ya habían ido a
cenar. Takahisa dejó a sus invitados solos, yendo él a pedir el almuerzo.
- ¿Le has hablado? – Preguntó Yuya.
- ¿A quién?
- A tu novio – Toma lo miró, sorprendido, haciendo
sonreír al rubio -. No me mires así, la verdad es que me quedé preocupado con
lo que me contaste.
- Como te dije, pasaron cosas complicadas entre nosotros.
- Pero ese no es motivo para separarse – Toma iba a decir
algo, pero optó por suspirar. ¿Qué podía decirle en realidad? ¿Cómo podía
mentirle si esa otra persona no era otro más que él? -. Eres una persona muy
amable y gentil, cualquiera persona se enamoraría de ti sin siquiera pensarlo.
- ¿Incluso tú?
Yuya abrió la boca, pero su pregunta lo dejó sin habla.
Atinó a sonreír, mirándolo a los ojos.
- Incluso yo.
- Claro… Si no estuvieras con Ryo – Se apresuró a agregar
Toma.
- Así es – Respondió el aludido -. Pero… No me cambies el
tema… Por eso, estoy seguro que él tampoco ha podido olvidarte.
- ¿Tú lo harías?
- ¿Qué cosa?
- Olvidarme – Sintió un puñal cargado de tristeza
clavándose en su pecho al verlo a sus ojos.
- ¿Por qué siempre me pones a mí de ejemplo? – Preguntó
el muchacho, riendo.
- Yuya, tú…, si fuéramos pareja y nos separáramos, ¿me
olvidarías?
- Todo depende de cómo haya sido nuestra relación.
- Maravillosa.
- Y no me llames por mi nombre frente a Massu.
- Lo siento - Sonrió el aludido.
- Si hubiera sido de ese modo… No veo razón alguna para
haberle puesto un final. Si yo fuera esa persona a la que amas, me gustaría que
vinieras y me lo dijeras. Que me dijeras que me amas y que quieres estar
conmigo. Si me lo dices así… De ese modo, yo—
- El camarero ya viene hacia aquí – Advirtió Takahisa,
siendo blanco de una mirada asesina por parte de Toma, pero el pelirrojo, lejos
de percatarse de ello, se sentó al lado de Yuya, quien agradeció internamente
su presencia en el momento más oportuno. “De
ese modo, yo…” ¿Qué? ¿Qué hubiera llegado a decirle a Toma? De alguna
forma, tenía que cambiar el transcurso de la conversación pero, al mismo
tiempo, todavía seguía preocupado por la vida amorosa de su compañero de
trabajo.
- Massu, necesito ayuda aquí.
- ¿Qué sucede?
- Ikuta-kun tiene problemas amorosos - El pelirrojo sólo
miró a Toma y luego a Yuya, dos veces -. Hasta hace… ¿Cuándo se separaron?
- En Agosto.
- Hasta Agosto, tenía una pareja estable con la que
habían estado conviviendo.
- En realidad – Lo interrumpió Toma, convirtiéndose en el
centro de las miradas -… Cada uno vivía en su casa, pero al mismo tiempo,
también vivía en la casa del otro.
- O sea que… ¿Hay cosas de a pares en la casa de tu
ex-pareja?
- Así es.
- Bueno… No vivían juntos, pero a la vez sí, y por algo
que Ikuta-kun no me termina de contar, se separaron. El punto es, ¿qué puede
hacer Ikuta-kun para volver a acercarse a él?
- ¿A… él…? – Takahisa no podía salir de su asombro. Yuya,
sin saberlo, estaba hablando de él mismo.
- Ah, sí, es un chico – Dijo Toma -. La persona de la que
habla, Tegoshi-kun.
- Yo sólo quiero que… Ikuta-kun sea feliz.
Esa mirada con la que Yuya estaba mirando a Toma, la
había visto antes. Desde agosto, desde el mismo día en que Toma perdió a su
pareja, había dejarlo de verla.
- Oh – Dijo Takahisa, ocasionando que Yuya lo mirara.
- ¿Qué? ¿Tienes una idea? – Preguntó su amigo.
- No, no es eso. Tu mirada, Tegoshi – Toma dirigió su
mirada al pelirrojo, frunciéndole al ceño.
- ¿Qué? – Preguntó el rubio, sonriendo.
- Eh… No. Nada – Negó su amigo.
Se preguntaba hacía cuánto no tomaba hasta perder el
conocimiento. Una parte suya sentía que lo necesitaba, que necesitaba olvidarse
de todo y de todos. Oyó el sonido de la puerta, pero no le importó. Bebió de un
solo sorbo casi media lata de cerveza.
- Ryo-chan – Oír su voz no le importó, no le importaba
nada -. ¿Qué es todo esto? – Estaba casi seguro que se refería a la casi docena
de latas de cervezas que estaban desparramadas entre el sillón y la mesa
ratona, pero tampoco le importó -. ¿Sucede algo? – Su mano interponiéndose
entre sus labios y la lata de cerveza lo obligaron a mirarlo. Había mantenido
su boca entreabierta para ingerir nuevamente aquel líquido de color ambarino,
pero la cerró al no hallarlo. Agarró su brazo con la mano, la lata se le
deslizó de entre los dedos, y agarró su otro brazo con la otra -. ¡Ryo-chan,
¿qué…?!
- No me mires así – Le dijo, con la voz ronca, lanzando
su cuerpo hacia el sillón -. No me mires así – Le suplicó, manteniendo sus
brazos agarrados sobre su cabeza. Yuya lo miró, aunque parecía estar furioso,
su mirada no transmitía eso, para nada. En su mirada era visible un hombre
desesperado, tan sumido en sus pensamientos, que había olvidado al resto del
mundo. Yuya quiso secar las lágrimas que terminaron por desbordarse de los ojos
del mayor, pero el agarre que él seguía manteniendo sobre sus muñecas, se lo
impedía. Se recostó encima suyo y cayó dormido. Mas Yuya no pudo conciliar el
sueño de una forma tan fácil como él, los pensamientos que iban y venían en su
mente se lo impedían.
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