*se da cuenta que la palabra love en el wallpaper que hizo la ocupa Toma así que la corta y hace el avatar. Miki feliz (?*
Título: Chain of love
Pairing: Nishikido Ryo x Kato Kazuki; Ikuta Toma x Tegoshi Yuya
Capítulo: 14/ ¿?
Resumen: Aunque los celos puedan más que el amor, una sola palabra puede cambiarlo todo.
Cuando creían que la tormenta había cesado, algo mucho peor estaba por comenzar.
Capítulo 14: Amor
Terminando de guardar las cosas en su bolso, suspiró y se
miró al espejo. Aunque el maquillaje pudiera contra sus ojeras y marcas de
cansancio, no podía contra la expresión sombría que llevaba teniendo ya…
¿Cuánto había pasado? ¿Dos días? ¿Una semana? No, tan sólo había pasado un día
y sentía que su cuerpo necesitaba varios días más de descanso. Agachó la
cabeza, sin notar la entrada de uno de sus compañeros de banda al lugar.
- ¿Sucede algo? – Le preguntó, mirándolo a través del
espejo, haciéndolo asustar, por lo que
se dio vuelta para mirarlo, forzando una sonrisa.
- No, ¿por qué preguntas?
Takahisa se hincó de hombros.
- Te veo raro.
- Son cosas tuyas, Massu – Le dijo, agarrando su bolso.
- ¡Ah! Tegoshi.
- ¿Sí?
- ¿Qué te sucedió en la mano?
Yuya lo miró. Su mano había sido vendada debido al
accidente sufrido la noche anterior.
- Ah, ¿esto? – Le preguntó, mostrándole su mano vendada
-. Me caí.
- ¿Ehhh?
- Me mareé y me caí en la cocina. Bastante tonto, ¿no?
- Debes empezar a comer bien, Tegoshi. Yo no voy a estar
para cuidarte todo el tiempo – Le dijo, preocupado. Tanta ternura hizo que el
aludido le sonriera.
- Está bien, me empezaré a cuidar. Nos vemos mañana, ¿sí?
Estoy apurado.
- Buenas noches.
Sus pasos hacia aquel lugar fueron más veloces de lo
usual. Tomó todas las precauciones para llegar primero. Con miedo, puso
lentamente la llave sobre la cerradura y abrió la puerta. Aunque podía huir,
aunque podía escapar, no podía, una parte suya se lo impedía.
Tiempo más tarde, aquella misma puerta volvió a abrirse.
De la cocina, casi corriendo, salió y se acercó al sujeto que había entrado.
- Bienvenido – Le dijo.
- Regresé.
Lo miró, mantenía la misma fría mirada con la que lo
había estado observando la noche anterior. En lo más profundo de su ser, deseó
que todo hubiera sido un sueño, que lo de ayer no hubiera sucedido, pero no
había sido así, Toma seguía mirando con frialdad.
- Ya… Va a estar la cena, así que ve al living.
Su rápida caminata hacia la cocina fue interrumpida por
el brazo de Toma, que lo rodeó de la cintura. Se mordió el labio inferior,
sintiendo su cuerpo arder por el solo hecho de sentir su respiración golpeando
sobre su cuello, el cual recibió un interminable beso, mientras su cuerpo era
apoyado contra la pared.
- ¿Así vas a saludarme? – Le susurró, ronco, mientras
entre sus brazos, Yuya se derretía, girándose para quedar frente a él,
acariciando sus cabellos, con miedo, para terminar por abrazarlo y apresar sus
labios. Se sentían tan irreconocibles. Su sabor, ya no era el mismo. Al
separarse, Toma no dijo nada más y se dirigió al living, esperando por la
comida que llegó al poco tiempo.
Estaba puesta una mesa para dos personas. Sólo para ellos
dos.
- Espero que te guste. Es la primera vez que preparo
curry – Reconoció, avergonzado y orgulloso a la vez. No levantó sus cubiertos,
esperaba que él lo probara primero. Agarró el tenedor y tomó un poco de arroz y
otro poco de curry. Abrió su boca para llenarla con aquello que estaba por
comer, pero desistió de la idea, dejando el cubierto aún con comida sobre el
plato.
- Ven – Le dijo, palmeando el espacio vacío a su lado.
Yuya se le acercó, sentándose a su lado. Con una mano bajo el tenedor para no
derramar nada en el suelo, Toma lo acercó a su boca. Yuya aceptó el gesto,
terminando por taparse rápidamente la boca al hallarlo sumamente caliente.
Cerró sus ojos con fuerza para terminar por acostumbrarse y tragar el arroz y
el curry que estaba quemándolo -. ¿Cómo está?
- Está… caliente – Sentenció, percatándose del modo en
que Toma pronunció aquellas dos palabras. Recién levantó su vista cuando oyó el
estrepitoso sonido de los platos y vasos más todo lo que estaba sobre la mesa
ratona, estrellarse sobre el suelo, mientras que el plato que se supone era
para Toma, caía sobre su vientre, obligándolo a levantarse de un salto, debido
a lo caliente que se hallaba. Sin quejarse, sin reprocharle nada, intentó
quitarse todo el arroz y el curry que le quemaba, mientras el morocho se
dirigía al cuarto de baño, saliendo del mismo luego, con una botella de alcohol
y algodón. Yuya lo miró, sin comprender en lo más mínimo sus acciones. Con tan
sólo una mano y un poco de fuerza, fue lanzado al suelo para Toma sentarse a
horcajadas suyo. Tomó su mano vendada y la desvendó rápidamente. La examinó
rápidamente con la vista, hallando el descubrimiento de que las heridas no
estaban completamente cicatrizadas y ante el mínimo acto podían abrirse de
nuevo, haciéndolo, abriendo varias de ellas cruelmente. Yuya se mordía el
labio, gimiendo de dolor.
- ¿Te duele? – Le susurró, a milímetros de sus labios,
hallando una mirada llena de lágrimas como respuesta. Sin dejar de mirarlo y
evitando que despegara su mirada de la suya, embebió el algodón con el alcohol
para posarlo sobre la mano herida de Yuya y obligarlo a cerrar la misma en un
puño, junto con su propia mano. Gimió. De dolor, pero gimió.
- ¿P… Por qué…? – Le susurró, apenas, sin recibir
respuesta de su parte.
El teléfono sonó. No era ni el de la casa, ni el de Toma,
el sonido provenía del celular de Yuya. Toma lo agarró y miró la persona que
estaba llamando. Se levantó y miró al rubio. No estaba emitiendo sonido alguno,
pero aún así, a modo de advertencia, lo pateó con fuerza sobre la boca del
estómago, ocasionando que se volviera un ovillo, tras lanzar un grito ahogado
para agarrarse con fuerza aquella parte con ambas manos.
- Cállate – Le dijo, antes de responder la llamada -.
Yuya está durmiendo, no molestes.
Cortó rápidamente la llamada y se fue a su cuarto,
cerrando la puerta a su paso.
- Estoy preocupado
por Tegoshi.
Aquellas palabras repicaban en el cerebro de Ryo. Bufó.
Estaba molesto porque no había respondido a ninguno de sus mensajes. Es más,
era como si hubiera mantenido el celular apagado durante toda la noche, algo
bastante raro en Yuya, ya que amaba mandar mensaje de texto por cualquier cosa.
Se detuvo a esperarlo fuera de la sala de ensayos, siendo justamente él, la
última persona que salió.
- Hola – Le dijo.
Yuya le dedicó una rápida mirada antes de mirar la hora
en su celular.
- Lo siento, tengo cosas qué hacer. Hablamos luego, ¿sí?
Se alejó de Ryo con pasos rápidos.
- ¿Tu celular estaba apagado anoche?
- ¿Eh? – Se giró para mirarlo.
- Te estuve llamando y mandando mensajes y no me
respondiste nada… Ni siquiera hoy.
- Ah… Eso – Su nerviosismo podía ser notado a legua. Mientras
buscaba qué responderle, Ryo se le acercó y lo agarró del brazo para hacer que
lo siga, pero Yuya se zafó del agarre, quejándose, ocasionando que el morocho
lo mirara sorprendido.
- Tego, ¿hay algo que quieras decirme?
- Te dije que tengo cosas que hacer, nos vemos luego.
Ryo se quedó de pie, mirándolo, con la mano cerrada en un
puño. Llevándose la misma a recorrer la extensión de su rostro, miró el cielo a
través de la ventana. Sacó su celular, estaba por marcar un número, pero
desistió, para seguir el mismo camino de Yuya, aunque dirigiéndose a un lugar
completamente distinto al suyo.
Entró al enorme edificio, dirigiéndose directamente a la
recepción.
- Necesito hablar con Kato Kazuki-san.
Hasta a él le sonaba rara la forma de llamarlo. Hacía mucho
que había dejado de llamarlo así.
- ¿De parte de quién? – Dijo una de las mujeres que se
hallaban para la atención al público.
- Deja, yo lo llevo.
Al darse media vuelta, con el ceño fruncido, Ryo vio a un
muchacho no mucho más grande que él, de contextura delgada. Tenía una expresión
cansada y unos grandes anteojos de grueso marco negro.
- ¿Tú eres…? – Le preguntó, casi comiéndolo con la
mirada.
- Eso debería preguntarte a ti – Le respondió el morocho,
abriéndose paso para que lo siguiera hasta el ascensor, al cual ambos subieron
-. Mi nombre es Date Koji, soy compañero de grupo de Kazuki. Tú - Lo miró del
mismo modo en que Ryo lo había hecho segundos antes con él -… Debes ser Nishikido
Ryo-san, ¿verdad? – El aludido lo miró, anonadado, ocasionando la risa en su
oyente -. Kazuki habla mucho de ti – Le dijo, con una sonrisa -. Pero por algún
motivo… Desde hace un par de días que ha dejado de hacerlo. Si sucedió algo
entre ustedes, no es mi deber meterme, pero…
- ¿Pero…?
- Lo que emocionalmente le suceda a Kazuki, afecta su trabajo,
así que por favor, encárgate de él, ¿sí?
Ryo lanzó una risa.
- Ni hace falta que me lo digas.
El ascensor se detuvo y Ryo siguió a Koji por un largo
pasillo, para detenerse frente a una puerta que parecía ser el camarín de su
grupo.
- Entra – Le dijo el menor -. Los dejo solos.
Ryo esperó a que desapareciera de su vista para entrar,
sin golpear la puerta, la cual cerró a su paso.
- Ah, Koji – Kazuki estaba de espaldas, acomodando unas
cosas -. ¿Puedes pasarme…? ¿Qué haces tú aquí?
En ese momento, su tono de voz había cambiado. En ese
momento, tuvo envidia de Koji.
- Necesito hablar contigo.
- Pues yo no.
- Kazuki – Se acercó unos pasos a él. El aludido suspiró
sonoramente y lo miró.
- Ryo, tengo que trabajar.
- No es acerca de lo nuestro.
- ¿Eh?
- Es por Tegoshi…
- ¿Sucedió algo malo con Ikuta-kun?
- ¿Por qué preguntas…?
- Él vino a casa la otra noche y me contó lo sucedido –
Le respondió, sentándose en una silla.
- Ah… Podrías… ¿Hablar con Tego? – Kazuki lo miró -. Te
lo suplico… Tengo la sensación de que algo no anda del todo bien…
Ryo mantuvo su cabeza gacha en todo momento y sus ojos
cerrados. Kazuki dirigió su vista al puño que se hallaba cerrado sobre la mesa.
Quiso tomarlo, besarlo, abrazarlo, pero los celos podían más que todo eso, que
todas esas ganas de amarlo. Se levantó, pero le dio la espalda.
- De acuerdo – Ryo lo miró -. Cuando termine voy a verlo
a su casa, ¿está bien?
Pudo ver su amplia y usual sonrisa a través del espejo,
por lo cual, agachó la cabeza, con una sonrisa, dándose cuenta que con sólo
eso, Ryo lo tenía a sus pies.
- Muchas gracias, Kazuki.
- Te aviso cualquier cosa – Le dijo, sin darse vuelta.
El aludido asintió y salió de la habitación. Ambos, cada
uno al otro lado de aquella puerta, suspiraron.
Había pasado tiempo y él quería arreglar las cosas,
después de todo, se conocían desde hacía años. Antes de ir a su casa, pasó a
saludarlo. Oyó un fuerte ruido proveniente del departamento, pero sólo frunció el
ceño, pensando que era su imaginación.
Tocó el timbre y esperó pacientemente a que la puerta fuera
abierta.
- Yamapi – Le dijo Toma, sin sacar la traba de la puerta,
abriéndola apenas.
- Hola, ¿estás ocupado?
- Sí, ¿necesitas… algo? – Le preguntó.
- ¿Estás bien?
- ¿Eh?
- Tu remera… Está mojada…
- Ahh – volvió su vista hacia su ropa -… Problemas con la
cañería.
- Ya veo.
Un fuerte ruido volvió a oírse puertas adentro. Algo
sucedía, ya no podía decir que aquellos sonidos eran productos de su
imaginación.
- Bueno, entonces - Dijo Toma, apurado por cerrar la puerta que Tomohisa
sostuvo con sus manos.
- ¿Vas a dejarme pasar?
- Te dije que…
- Muy bien.
De un solo empujón, usando todas sus fuerzas para eso, el
morocho destrozó la traba de la puerta, dejando a Toma sorprendido. Con pasos
rápidos se dirigió hacia donde creyó que provenía el ruido, el cuarto de baño,
desde el cual podía oírse el agua de la ducha cayendo. Al entrar, vio a Yuya
desmayado en el suelo. En su rostro podían verse las visibles marcas del
cansancio y la mala alimentación, sumado a una importante cantidad de hematomas
en todo su cuerpo.
- Yamapi – Lo llamó Toma, desde la puerta, hallando por
respuesta los ojos abiertos como platos por parte de su amigo. No sabía qué
hacer, qué decir, sólo atinó a agarrarlo de la remera y empujarlo contra el umbral
de la puerta, mirándolo a los ojos con una mirada asesina.
- No sé qué clase de problemas había entre ustedes dos,
pero esto… Has ido demasiado lejos, Toma.
Lo soltó, ocasionando que, sin darle respuesta, Toma
deslizara su cuerpo hasta quedar sentado en el suelo.
Tomohisa apagó el agua y cubrió el cuerpo de Yuya con un
toallón para tomarlo entre sus brazos y salir de la habitación. Al abrir la
puerta del departamento, halló a Kazuki, quien se quedó algo sorprendido por lo
que estaba viendo.
- ¿Puede llevar sus cosas a la casa de Ryo? – Le pidió,
seriamente.
- Pero, ¿qué…?
- Allá le cuento. Por favor, Kato-san – Sonaba a súplica,
a súplica de que no le preguntara nada más, por lo que el aludido guardó
silencio y dejó que se fuera con el cuerpo inconsciente de Yuya. Por las
palabras de Ryo, sabía que algo malo sucedía, pero nunca iba a estar preparado
para algo de aquella magnitud.
Entró al departamento de Toma y halló las cosas de Yuya
en el living. Un juego de llaves que aparentaba ser suyo y su celular. Desde el
baño, podía oírse el claro llanto de Toma. Kazuki miró hacia la puerta cerrada,
pero no hizo nada más. Agarró las pertenencias de Yuya y salió rápidamente del
lugar.
Detuvo su vehículo en el estacionamiento del edificio de
Ryo, lugar que pensó que nunca más iba a visitar. Miró las cosas que
descansaban en el asiento del acompañante. Lo hacía por Yuya y también, para
satisfacer su sed de curiosidad.
Bajó el vehículo y subió el ascensor hasta aquel
departamento.
Tocó el timbre y fue el dueño de casa quien le abrió la puerta,
dándole espacio para que entrara.
Vio a Tomohisa con el cuerpo apoyado contra el respaldo
del sillón. Estaba de brazos cruzados y con la mirada gacha. Kazuki podía
asegurar que Ryo había estado en una posición parecida hasta el momento en que
él llegó, pero sólo mantuvo aquello en sus pensamientos.
. Estas son las cosas de Tegoshi-kun, o al menos, eso fue
lo que encontré.
- Voy a ir a hablar con ese idiota – Dijo Tomohisa, como
si en ese momento hubiera recordado que iba a hacerlo, pero fueron las manos de
Ryo agarrándolo por los brazos lo que lo detuvieron.
- Pi, no vayas – Le susurró -. No ahora.
Kazuki vio en Tomohisa la misma expresión que Ryo había
hecho cuando fue a verlo. Era rabia lo que sentía, rabia hacia Toma.
- ¿Por qué no van a buscarle ropa a Tegoshi-kun? –
Preguntó, dejando sus cosas sobre el sillón. Los aludidos, lo miraron, mientras
Tomohisa se zafaba del agarre de Ryo -. Bueno…, yo no conozco su casa y no es
bueno que vaya Yamashita-kun solo en ese estado. Además, no creo que Ryo vaya a
ir contra Ikuta-kun. No si tiene algo de qué cuidar.
Por un lado sus palabras le dolían pero, por el otro,
estaba seguro de lo que decía.
- Kazuki…
- Kato-san – Le llamó la atención Tomohisa, por lo que él
lo miró -. No tengo malas intenciones con Ryo. Es decir, cuando lo invité a
almorzar, no fue con malas intenciones. La verdad es que… Nunca lo había visto…
Así de feliz – Ambos oyentes suyos se sorprendieron por sus palabras. Hizo unos
pasos para acercarse a él. Ryo lo siguió, pensando en que, al no tener a Toma
cerca, él sería su presa, pero para su sorpresa, le dedicó una reverencia -. Se
lo encargo. Como su pareja, te encargo a Ryo.
Con los ojos abiertos como platos, Kazuki miró a Ryo,
quien estaba en el mismo estado de sorpresa que él.
- No es momento para discutir eso.
- E… Es verdad – Dijo Ryo -… Vamos por la ropa de Tego,
¿sí?
Tomohisa se incorporó y asintió con la cabeza.
- Te encargo a Tego, Kazuki – Le dijo Ryo, mirándolo,
recibiendo una sonrisa de su parte.
No sabía si todo estaba bien, pero al menos pudieron
mantener una conversación de más de dos palabras. Quizás, Yuya o hasta el mismo
Tomohisa, terminaron siendo un par de ángeles para ellos.
Al irse, Kazuki se desplomó sobre el sillón, pero el sonido
del celular de Yuya recibiendo una llamada hizo que atendiera la misma.
- ¿Diga?
- “¿Dónde está
Yuya?”
Se notaba que había estado llorando, ya que su respiración
se contraía bruscamente.
- ¿Vas a decirme qué sucedió?
- “Por favor,
Kazuki-san, dime dónde está Yuya.”
- Ikuta-kun… Nunca pienses en Tegoshi-kun como si fuera
una droga. Él es una persona, y como tal, tiene amigos, gente que lo rodea. Él nunca
será sólo tuyo. Es decir… Querer, una persona puede querer a miles, pero amar…
Eso sólo puede hacerlo con una sola persona – No recibió respuesta, sólo atención
-. Sé que no debo meterme, pero, ¿no has ido demasiado lejos con tus acciones?
¿Tan así lo amas como para dañarlo?
- “Yo…”
- Lo que tengas que decir, debes decírselo a Tegoshi-kun.
Cuando las cosas se calmen, hazlo, ¿de acuerdo?
- “Sí…”
Sonrió, lo oyó más calmado, tan sólo con aquel
monosílabo, notó la calma en él.
- Ahora, cálmate, toma una ducha fría y vete a dormir.
- “Kazuki-san…”
- ¿Sí?
- “Gracias…”
Tres días habían pasado desde aquel acontecimiento. Yuya se
sentía un niño de nuevo o, al menos, eso deseaban ellos que él sintiera. Tomohisa,
Ryo, Takahisa y hasta Kazuki, se habían turnado para cuidarlo, en casa de Ryo,
y fue él quien fue al edificio a dar aviso a su encargado acerca del paradero
del rubio.
En cuanto a Toma, ni se había acercado a Takahisa o Tomohisa
para preguntar por él. Aunque todos opinaban que era lo mejor, sabían que Yuya
no pensaba lo mismo.
El timbre sonó en el departamento de Ryo. Yuya estaba en
compañía de Takahisa quien había encontrado un nuevo local de comidas rápidas
con unas exquisitas bolas de arroz que, obviamente, llevó para darle a probar a
su amigo.
- ¿Sí? – Ryo abrió la puerta.
- ¿Podemos pasar? – Preguntó Kazuki, siendo él la única
persona a quien podía ver por la pequeña apertura que la traba le permitía.
- ¿Podemos? – Preguntó Ryo, abriendo la puerta, pudiendo
ver a Toma a su lado. El morocho bufó, pero la mirada de Kazuki le dio a
entender que todo estaba bien -. Tego está en mi cuarto – Le dijo, entrando
primero el morocho, seguido más tarde por Kazuki -. ¿Qué quiere decir esto?
- Le dije a Ikuta-kun que se calmara antes de venir a
hablarle – Ryo lo miró con los ojos abiertos -. Sí, desde el primer día, supo
que Tegoshi-kun estaba a tu cuidado.
- Pero, ¡Kazuki! ¿Si llegaba a venir…?
Su cuerpo fue abrazado por el del mayor, haciendo que su
corazón diera un respingo.
- Pero no sucedió, ¿o sí? – Le susurró, sin recibir
respuesta al menos sobre sus oídos, sintiendo que aquel brazo que lo rodeaba
era agarrado con fuerza por Ryo.
Toma se acercó al umbral y lo vio sonriendo, comiendo
bolas de arroz con Takahisa. Agarró con más fuerza las manijas de la bolsa de
papel madera que tenía entre sus manos, haciendo ruido, por lo que el dúo se
dio por aludido y lo miraron.
- Toma…
Takahisa miró a ambos y se levantó de la cama.
- Los dejo – Dijo, pasando su mano por sobre la cabeza de
Yuya -. Cuídate.
- Sí, sí – Le respondió el rubio, con una sonrisa.
El pelirrojo se fue, dejando la puerta semi abierta ante
la mirada de Kazuki y Ryo, quienes estaban sentados en el sillón.
Sigilosamente, casi con miedo, Toma se sentó en el mismo
lugar donde estaba sentado Takahisa, dándole la bolsa que estaba entre sus
manos a Yuya.
- Son… bolas de arroz… caseras – Susurró, apenado.
El rubio lo miró, aunque no podía verlo a los ojos, ya
que mantuvo la cabeza gacha en todo momento, se dio cuenta de que, de algún
modo, volvía a ser la misma persona de antes, aquella persona de la que se
había enamorado. Sonrió. Sacó el bento
que estaba dentro de la bolsa y lo abrió, para sacar una de las tantas bolas de
arroz que allí había para comer un pedazo, ante la mirada de Toma.
- Está riquísimo – Le dijo, mirándolo, obligando a
desviar su vista para cerrar el bento
y volverlo a dejar en su sitio -. Toma…, ¿sabes por qué en ningún momento me
fui? – El aludido sólo lo miró. Yuya agarró su mano y la entrelazó a la suya,
conteniendo el llanto -. Porque te amo. Por esa simple razón.
Su cuerpo cayó sobre su hombro, siendo abrazado instantáneamente
por el morocho, aceptando él el gesto, rodeando su cintura con sus brazos.
- Perdón – Sollozó, mojando su hombro con las lágrimas
que caían incesantemente de sus ojos -. Perdóname.
Toma se aferró a Yuya como si ese fuera el último día en
que iba a poder hacerlo.
Las horas pasaban y no tenían noticias ni de Toma ni de
Yuya. Ryo caminaba de un lado a otro de la sala, siendo observado por Takahisa,
mientras que Kazuki estaba sentado a su lado, cruzado de brazos.
- Vas a terminar haciendo un surco en el suelo, si sigues
caminando – Le dijo, divertido por la situación.
Ryo lo miró. No le dijo nada.
- Me cansé – Dijo, para dirigirse casi corriendo a abrir
la puerta de la habitación de par en par, siendo secundado por Kazuki, mientras
que Takahisa miraba con las rodillas apoyadas sobre el sillón. Ambos estaban
dormidos, abrazado uno al otro, por lo que Ryo suspiró, dándole la cara al techo.
- Te lo dije – Miró a Kazuki, quien estaba apoyado al
lado de la puerta. El morocho cerró la puerta.
- Pudo haber sido todo lo contrario.
- No iba a traerlo si pensaba que iba a hacerle algo.
Ryo, ese chico realmente lo ama. Quizás haya sufrido una crisis de celos, pero
lo ama.
Ryo lo miró.
- ¿Está bien si los dejo solos? – Preguntó Takahisa,
levantándose.
- ¿Tienes cosas qué hacer?
- Con Tegoshi así, podría decirse que hago su parte del
trabajo también – Dijo, acomodándose la mochila sobre la espalda.
- Gracias, Massu – Le dijo Ryo, palmeando su espalda.
- De nada.
Ryo acompañó al muchacho hasta la puerta del
departamento, donde lo despidió. Camino al ascensor, encontró a Tomohisa, quien
bajaba del mismo.
- Te envidio – Le dijo el muchacho.
- ¿Eh? – Preguntó el morocho, sin entender.
- La forma en que te relacionas con Ryo. Aunque lo amas,
aceptas que esté con otra persona, sin importar tus sentimientos.
- ¿Tú no eres igual?
- Sí – Suspiró, oprimiendo el botón que llamaría al ascensor
-. Pero, a veces, duele demasiado– Reconoció, dedicándole una sonrisa.
Tomohisa le palmeó la espalda antes de seguir con su
recorrido hacia el departamento de Ryo.
Takahisa inspeccionó la hora al bajar del ascensor,
dándose cuenta de que estaba llegando tarde.
- Esto es malo – Se dijo, guardando el aparato en su
bolsillo.
Al salir del edificio, una innumerable cantidad de
periodistas lo acorralaron contra la puerta de entrada, haciéndole miles de preguntas
que no pudo responder al no poder escuchar claramente las mismas.
Dentro del edificio, Tomohisa encendía el televisor del
living de Ryo, mientras el dueño de casa estaba en la cocina junto a Kazuki,
preparando algo sencillo para comer y beber.
- Ehm… Ryo… ¿Puedes venir un momento? – Le dijo el morocho,
por lo que tanto él como Kazuki fueron en respuesta a su llamado.
Los tres se quedaron leyendo el titular del noticiero,
intercambiando miradas con miles de preguntas encima y ninguna respuesta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario