Título: Hanamuke
Pairing: Akanishi Jin x Tegoshi Yuya; Ikuta Toma x Tegoshi Yuya.
Capítulo: 05/ 05
Cantidad de palabras: 2117
Resumen: La búsqueda de las palabras correctas para pedir perdón son interrumpidas por el tiempo, que pide por un final...
Capítulo 05: Despedida
Jin estaba inmóvil. Tenía ganas de abrazarlo y de no
soltarlo, pero sabía que eso no era posible, que no sabía cuánto tiempo iba a
poder hacerlo. Lentamente, se acercó a él y acarició su mejilla. Yuya cerró sus
ojos, deseando que aquel suave contacto no tuviera fin.
Su cuerpo fue apresado por aquellos brazos que anhelaban
hacerlo, al igual que sus labios. Sentía sus besos muy distintos a los de Toma.
Los besos de Jin tenían un deje de nostalgia, del dolor de no haber regresado antes
para estar a su lado. Todos aquellos sentimientos estaban siendo mezclados en
aquellas caricias, en aquellos besos que lentamente surcaban su cuello para no
dejar rastros de ellos encima de su cuerpo.
Sumido en sus pensamientos, Yuya nunca se percató del
momento en que estuvieron desnudos uno frente al otro, del momento en que sin
importarles el frío del invierno, se estaban amando.
Apoyado contra la pared, rodeando el cuerpo de Jin con
sus piernas, Yuya experimentaba por un lado el frío del clima golpeando contra
sus espaldas y el calor de las caricias de Jin sobre cada milímetro de su
cuerpo.
- Eres tan hermoso…, Yuya – Susurró apenas, afiebrado,
recorriendo con sus ojos y con sus manos el cuerpo que jadeaba frente a él -.
Mi amor – Apresó sus labios con pasión, recorriendo su interior con su lengua. Sacó
los dedos traviesos que danzaban en el interior del cuerpo de Yuya para elevar
un poco su cuerpo e ingresar su miembro, ahogando sus gemidos entre sus labios.
Se debían eso, explorar sus cuerpos, amarse, después de tanto tiempo separados.
Susurrando una canción desconocida, Jin acariciaba los
rubios cabellos de Yuya, en medio de la oscuridad, siendo iluminados sólo por
la luz de la luna.
- Cuando muera – Susurró el rubio -… Vendré a este lago…
- No digas eso ahora – El menor se acurrucó contra su
pecho, buscando algo más de calor -. ¿Quieres que volvamos? ¿Tienes frío?
El aludido asintió con la cabeza.
- Lo siento.
- Además, van a estar preocupados por ti – Reconoció el muchacho,
besando suavemente sus cabellos.
A paso lento, volvieron a la casa de Yuya. Jin sabía que
no habría una siguiente vez, es más, le preocupó su accionar a futuro. Sentía que
algo en Yuya no andaba bien.
- Yuya – Lo llamó, antes de que él abriera la puerta de
entrada a la casa -, ¿estás bien?
- Claro – Le respondió, con su usual y brillante sonrisa
-. Entremos, está haciendo más frío.
Apenas entraron, se separaron pero Jin entró recién a su
cuarto cuando perdió a Yuya de vista, culpa del maldito pasillo.
- Hasta mañana, Yuya – Susurró para sí.
El rubio llegó al living, hallando envolturas de
confituras que nunca llegaron al tacho de basura, sonriendo por eso. Siendo llamado
por un sonido, abrió la puerta del cuarto de Taiga, hallándolos dormido a él y
a Takahisa, quien roncaba a su lado, dejando al dueño de la habitación con un
pequeño pedazo de cama, al cual Taiga se adaptó perfectamente, en una posición fetal,
pero se adaptó al fin.
Cerró la puerta y se acercó a abrir la correspondiente al
cuarto de su madre. La pequeña luz del velador encendida y su incómoda postura
para dormir, sumado a los lentes que se encontraban torcidos y el libro que
descansaba abierto sobre su regazo, le decían que había estado leyendo hasta
caer dormida, como solía sucederle. Sonrió y cerró la puerta.
Suspiró, esperando hallar a su pareja dormida entre sus
sábanas, antes de abrir la puerta y sentirse un vidente. Lentamente, cerró la
puerta a su paso y tras sacarse el abrigo, se acostó a su lado. El cuerpo semidormido
al lado suyo, atinó a darse vuelta y a abrazarlo, para volver a caer en los
brazos de Morfeo.
Era bastante temprano todavía cuando Yuya se despertó,
siendo alertado por una sensación de mareo. Se soltó del agarre que aún los
brazos de Toma mantenía sobre su cintura para poder sentarse en la cama,
sosteniéndose la cabeza con ambas manos. Se quejó, mordiéndose el labio
inferior para no expresar su dolor. Agarrando el abrigo con una mano, lo llevó
arrastrando al living, hallándolo vacío.
Encontró bajo el mueble del televisor, un bloc de hojas y
varias biromes, por lo que agarró una y abriendo el bloc, posó la punta sobre el
papel, percatándose de que la vista le fallaba. Intentando escribir sólo un par
de palabras, separó aquella hoja escrita de las otras vacías. La poca vista que
iba a venia, dejó verle la notebook de Taiga, que descansaba en medio de los
restos de la comida navideña. Abrió la misma, y esperó a que terminara de
cargarse para abrir el procesador de texto y empezar a escribir.
Apenas salió de su casa, empezó a contar los pasos que lo
separaban de aquel lugar, esperando que nadie lo viera y que nadie lo siguiera.
Era entrada la mañana cuando Taiga se levantó para ir al
baño. Le dolía todo el cuerpo. Había olvidado que Takahisa necesitaba
exactamente tres cuartas partes de una cama de dos plazas para conciliar el sueño.
Se maldijo por haberlo olvidado. Al regresar al living, halló una nota sobre su
notebook. Giró el papel para todos lados antes de encontrarle la vuelta a las
escasas letras que tenía encima.
- Ábrela – Leyó. Abrió la notebook para hallar una nota
escrita por Yuya. Sus ojos se abrieron como platos a medida que leía cada una
de las palabras que tenía escrita, al mismo tiempo que las lágrimas empezaban a
dificultarle la lectura.
- ¿Qué sucede, Tai?
Recién ante la voz de Jin pudo sacar la vista de aquel
relato. Pero aún así, las palabras no llegaban a él.
- Nii… Niisan…
- ¿Yuya? ¿Sucedió algo con él? – Al acercarse al menor,
vio la misma nota que estaba escrita con precaria escritura. Inmediatamente,
Jin sacó la notebook de las manos de Taiga para ponerse a leer.
“A todos, lo siento.
Desde hace mucho
tiempo, exactamente desde hace doce años, les he estado ocultando algo.
Algo que hizo que mi
vida cambiara para siempre.
Salvo Toma, el resto
conoce de aquel accidente que tuve en la escuela. Mentí, cuando dije que había
sido un simple desmayo, les mentí, y arrastré al médico que en ese entonces me
atendió a que fuera mi cómplice en esto. Desde ese día, desde hace doce años,
tengo cáncer. Desde ese día, con ese médico, tomamos todas las nuevas técnicas
posibles para poder ganarle un poco a esta enfermedad.
Un poco más, le
decía, sólo necesito un poco de tiempo más.
Todo este tiempo que
viví con ustedes, me hicieron enormemente feliz…”
- ¿Tai? ¿Por qué lloras? – Le preguntó su madre, saliendo
de la habitación, estando Jin aún leyendo el contenido que se mostraba en la
pantalla. La respuesta de su hijo fue hundirse entre sus brazos, ante la mirada
atónita de su madre, quien lo abrazó.
Dejando la notebook sobre la mesa, Jin salió disparado al
cuarto de Yuya, yendo a despertar a Toma y luego a Takahisa.
- Jin, ¿qué sucede? – Preguntó Nana -. ¿Dónde está Yuya?
- No lo sé. Lo único que sé es que va a hacer algo de lo
que va a arrepentirse. Tenemos que encontrarlo.
- ¿A qué te refieres con eso? – Preguntó Takahisa.
- Niisan –
Gimoteó Taiga, soltando un poco el agarre que mantenía sobre su madre para mirar
a los recién despiertos -… Mi niisan
está enfermo…
- ¿Qué? – Musitó Toma.
- Tiene cáncer – Las palabras de Jin lo hicieron blanco
de todas las miradas -. Él… lo dice aquí – Dijo, sosteniendo la notebook entre
sus manos -, y me lo dijo a mí hace varios días.
- ¿Por… qué…? – Preguntó Nana, en estado de shock.
- Él no quería… preocuparlos…
Toma agarró el aparato y leyó su contenido.
- No… No puede ser – Dijo, negando con la cabeza.
- Hay que encontrarlo – Dijo Takahisa, volviendo sobre
sus pasos para alistarse.
Nana se quedó en la casa, esperando a que el teléfono de
Yuya atendiera o él la llamara, deseando tan sólo que su hijo regresara.
Las respuestas en el pueblo eran las mismas, nadie lo
había visto.
Jin recordó las últimas palabras que le dijo dentro de la
pequeña casa donde lo había hecho suyo. Llegó corriendo al lago, hallándolo
finalmente a orillas del mismo.
- ¿Jin? ¿Eres tú? – Se dio vuelta. Aunque sus ojos
estaban abiertos, no podía verlo. Fue su respiración entrecortada y la búsqueda
de aire lo que le permitió darse cuenta que era él.
- ¿Q… Qué vas a hacer…?
- Basta. Eso dijo mi cuerpo. Tal parece… que las últimas
drogas que me suministraron, no hicieron más que acrecentar el avance de la
enfermedad. Pero… Le agradezco que me haya dejado reencontrarme con mi primer
amor - Aún en esas circunstancias, su sonrisa seguía siendo la envidia del sol
-. Gracias, Jin. Por todo. ¿Puedes hacerme un favor? Encuentra una persona a la
cual amar. Y asegúrate de atesorar ese sentimiento para siempre - Se quejó,
llevándose una mano a la nuca -. No me queda mucho tiempo… Como verás…
- Vamos a América, estoy seguro de que allá van a poder
hacer algo, Yuya, por favor.
- Mi tiempo termina aquí.
En su casa, Nana agarró su celular y llamó a Taiga.
- “¿Volvió niisan?”
- ¡El lago! – Exclamó la mujer -. A Yuya le gustaba mucho
ir a ese lugar. Vayan al lago.
Al cortar la llamada la mujer salió corriendo de la casa.
- Yuya…
- Nunca quise una muerte en un hospital. Algo así… Creo
que es lo mejor, ¿no?
Su sonrisa era cruel, el saber que nunca más iba a poder
verlo, lo hacía sumamente cruel.
Sintió que se le acercaba, pero las manos de Yuya evitaron
su abrazo.
- Lo siento. Cierto que… eres una persona comprometida
ahora – Dijo el morocho, conteniendo el llanto.
- Sí – Susurró Yuya, levantando su mano para tocar su
anillo con la otra, con una amplia sonrisa -. Espero que todos puedan perdonar
mi egoísmo algún día…
- Claro que lo harán…
- No llores, por favor – Acercó su mano para poder secar
sus lágrimas.
- No lo haré.
- Jin… Gracias por amarme.
Se alejó unos cuantos pasos. Inevitablemente, las
lágrimas de Jin empezaron a caer. Le dio la espalda, no era capaz de ver el nivel
de crueldad que emanaba el rubio. Pudo oír como el fino hielo del lago crujía,
haciéndolo arrodillar en el suelo para llorar amargamente, mientras el agua
congelada recibía el cuerpo de Yuya para cortar el hilo que lo mantenía con
vida.
- ¡Yuya!
Los gritos de Toma, ni los de Taiga, y mucho menos los de
Takahisa, llegaron a sus oídos. El menor se acercó a Jin para abrazarlo,
llorando junto con él. Takahisa y Toma estaban inmóviles, quizás, buscando una
respuesta a lo sucedido.
Dándole un final al invierno, y más aún a la primavera, el
verano había caído sobre el pueblo. Jin se había puesto a trabajar en el mercado
y ayudaba en el hospital, ya que la ola de calor que golpeaba contra ellos no
había dejado a nadie sin caer.
- Perdón…
Un muchacho lo interrumpió de su tarea de cambiar los
carteles del frente del mercado. No aparentaba ser mucho más mayor que él,
hasta parecía menor. Estaba vestido con unos jeans, unas zapatillas y una
musculosa blanca bajo una camisa a cuadros. A su lado llevaba una maleta y en el
otro un mapa.
- ¿Sí?
- ¿Aquí buscan empleo?
- Sí, pero, ¿cómo lo sabes?
- Ah, le dije a un amigo que quería mudarme lejos de la
ciudad una temporada y… ¿Nos conocemos?
- ¿Eh? No. Yo… Estaba por preguntar lo mismo. ¿Cómo… te
llamas?
- Lo siento, no me presenté. Mi nombre es Kamenashi
Kazuya. ¿El tuyo?
- Akanishi Jin.
- Encantado de conocerte, Jin.
- Kame…
- ¿Eh?
El morocho señaló un colgante con un dije en forma de
tortuga en el cuello del recién llegado.
- Ah, sí, me gustan – Dijo, con una sonrisa.
Jin se lo quedó mirando, su sonrisa, le gustaba.
Al mediodía siempre hacía lo mismo, iba a llevar flores
al lago que ahora estaba rodeado de verde, al igual que hacía un poco más de
doce años.
- Yuya… Creo que he encontrado a una persona con una
sonrisa mucho más brillante que la tuya. Gracias por permitirme conocerte.
T____________________T
ResponderEliminarNo veo nada!! estoy llorando como una boba!
Te odio Mikiiiiiiiiiiiiiiii T_T
xDDDDDDDDD
EliminarMirale el lado bueno... Al menos no apareció Ryo-chan (? o el padre de Aya D:
xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD
Lado bueno?? LADO BUENO LAS PELOTAS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!1
EliminarT_____T reescribí el final para mi!!!!!!!
xDDDDDDDD
EliminarY al menos Jin no se quedó solito~ D: